NUESTRO RECUERDO PARA ... ¡LOS OLORES DEL COLEGIO¡ (POR NUESTRO COMPAÑERO, SANTOS VIBOT).
Buenas noches queridos compañeros y amigos del Proyecto Vircamaal. Comenzamos un nuevo día. Jueves, día 07 de Febrero de 2.008. 00 Horas y 01 Minutos.
En primer lugar, comunicaros que a la relación nominal de compañeros aparecida en la jornada de ayer, hay que unir el nombre de un nuevo compañero. Su nombre: TÓMÁS MATILLA ALVÁREZ. Suman en total por lo tanto: treinta y uno.¡Bienvenido Tomás a tu casa¡
Seguimos avanzando y sumando compañeros y amigos recordados y queridos para el Proyecto Vircamaal.Por ello, una nueva alegría más para todos. Seguimos insistiendo en el contacto con los cuatro o cinco compañeros que faltan. Os mantendremos puntualmente informados del resultado de los citados contactos.
En la jornada de hoy, desde la Furrielería del Proyecto Vircamaal hemos creído conveniente recuperar un grandísimo y bello documento escrito por nuestro compañero en el Colegio de los Padres Dominicos, Santos Vibot ... Esta intervención fue pronunciada el viernes, día 12 de Octubre de 2.008, en el Santuario de la Virgen del Camino (Actos 50ª Aniversario), Velada Poetico-Literario-Musical en Homenaje al Padre Angel Torrellas O.P. Fue una intervención insuperable. Los que estuvieron allí la pudieron disfrutar en directo. Una auténtica gozada. Para los que no pudistéis estar allí, os recuperamos este bellísimo documento escrito. Disfrutarlo, porque no tiene desperdicio.
Como fotografía digital que acompaña al artículo de la jornada de hoy, se hace presente una imagen recordada y añorada por todos ... ¿Recordáis el primer rótulo que observábamos a la entrada del Colegio para recordarnos nuestra ubicación exacta ...?
Agotado el presente comentario en la fecha de la jornada. Nos seguimos reencontrando en nuestro blog dominicano. ¡Feliz jornada del día 7-2-2008¡ Seguimos en contacto. Hasta pronto.
La Furrielería del Proyecto Vircamaal (Santi, Boni,Juan Carlos, Manolo "Chevere" y Pepito).
------------------------------------------------------------------------------------------------------
AROMAS DEL COLEGIO .-
(AUTOR: SANTOS VIBOT).
La primera vez que entré en El Santuario tenía 10 años. Y me quedé arrobado por su maravilloso olor a maderas exóticas. Entonces no supe expresar aquella mezcla como de clavo, cinamomo, perfumadas resinas orientales y tahona vienesa...que desde entonces me atrapó. Como un beso. Como un ámbito amniótico de músicas felices y dolientes...pero las músicas vendrían después, con aquél Angel de mirada de mieles y tormento.
Ahora el aroma se ha desvanecido y el brillante barniz ha sepultado aquella seda satinada de tan suma elegancia, pero tanto recuerdo aquel aroma dulce y tropical que, años más tarde, leyendo unos versos de Lorca, como con la magdalena de Proust, me sublevó de nuevo los sentidos: "...Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco, ¡oh Cuba, oh ritmo de semillas secas!..."
Entrando en el Colegio, el primer olor que recuerdo es la punzante nube del cloro de la piscina, que se filtraba por las ventanas abiertas del inmenso pasillo de la escuela mayor en los Mayos y Junios, por donde también flotaban las blancas "poluciones" de los chopos por el aire y los suelos, un aire de verano inminente, de vacación y gritos jubilosos, de prohibidas nostalgias y bellezas terrenas...-¡demasiado Cielo, éramos tan niños!
Y una primera sensación de desamparo al dejarme mis padres en mi primera camarilla: aquél olor a limón de mi primer frasquito de colonia personal, y el primer albornoz -listado de azul y blanco- que olía a felpa nueva, vida desconocida y soledad. Soledad enseguida poblada por todas vuestras caras infantiles, Morales -no olvido tu primera sonrisa- Santos, Manso, Cimas, Mateo Mayor, Heredia, Herrero, Molpeceres...¡oh sílabas de aromas imborrables, niños queridos!
Las camarillas tenían también todos los olores zoológicos de nuestras jóvenes vidas: A cuerpo sudoroso tras las Las Ligas -axilas, pies y pubis inocentes, arcangélicos, alientos y sollozos de la noche, rosas y letrinas...todo mezclado y enmascarado a duras penas por el omnipresente olor del Profidén, que parecía ser el único dentrífrico de los años 60...ah, las azules y grises, las ateridas camarillas de aquella infancia nuestra, de aquella adolescencia indescifrable...
Y había otro olor que vuelve muy intenso: el de aquella bodega repleta de manzanas que ascendía como otra promesa de veranos felices por aquella escalera del pasillo del garaje, siempre oscura, y que perfumaba hasta marear la entrada al refectorio de la escuela menor. Mateo Mayor me decía que olía "pomarades de Asturies" y contábame coses -¡extasiado!- de húmedos prados verdes y manzanas rojas y de los tiernos ojos de les vaques y del olor del heno...(también olían las camarillas a "Heno de Pravia", recordais?)
Y hablando de los refectorios, el olor del café con leche y las toscas galletas de cada mañana -en aquellos platos todos rayados de plástico verde-. Y aquél olor tan rico del "chocolate" de los domingos y las fiestas mayores. A pesar de los tiburones, cachalotes y otros cetáceos, era un olor alegre y deseado.
El rancio olor de La Recreación con sus cajones para las zapatillas de deporte y para todos los arácnidos conocidos en aquél alto páramo. Pero también el olor a banderillas "Toreras" y a refrescos y mistela de las pequeñas fiestas de la Escolanía, con cosas para picar sobre las mesas de ping-pón... y la cálida risa de Torrellas alegrándo nuestra alma.
¿Y recordáis el punzante olor, los embriagantes efluvios silvestres de El Tomillar, con nuestro pelo al viento, aquél viento que no ha dejado de soplar -aromado de campo- en nuestras vidas?
Y el olor de los cestos de pan de la merienda en los campos -o dentro de la recreación si llovía o nevaba- y aquél sabor del pobre chocolate en bien duras y ásperas pastillas, y que aún así era un consuelo en medio de la tarde.
Y ¿recordais el olor de la calefacción cuando nevaba y la subían al máximo? Y a muchos de nosotros con la nariz pegada a los cristales, absortos, embrujados -como muy bien evoca Morales en el final de un delicioso articulito infantil que apareció en la revista Camino-.
El olor de las baloneras en las oscuras rinconeras de las clases -que guardan tantos secretos, no todos confesables-.
El del petróleo de "los tranvías", querido Rufino con tu pelo de fuego, organizando la limpieza.
El olor paradisíaco de los cerezos en flor. Y aquellos alhelíes y pensamientos que cultivaba ensimismado, como ensoñado en otros jardines interiores, el viejecito Padre Fernando, su propio olor a abuelo entrañable y limpio y a colección de sellos, goma arábiga, flores...alhelíes, la misma palabra huele a jardines de antes... de "antaño", a poesía -también arábiga-, a pureza sutil y transparente, a "agua oculta que llora".
Y aquél olor como a barnices viejos de la dulce Rondalla y su rincón de partituras, con su aroma de imprenta reciente y aquellas hojas mágicas en las que la preciosa caligrafía musical del Padre Torrellas nos hacía volar hasta cielos e infiernos musicales, hipnotizándonos con su maravillosa dirección, las delicadas indicaciones que nos hacía con su voz de Maestro siempre joven, aquellos ensayos inolvidables, interrumpiendo el recreo de después de comer, su aroma de leyendas musicales, aquel sonido de La Rondalla que se perdió en raptados momentos de belleza en el aire de entonces. Para siempre su aroma sinestésico, azúl, irretornable y fiel.
...el Aroma de "El Valle" en Primavera... aquel verdor radiante de la hierba nueva entre los fresnos, aquellas embriagantes rosas silvestres, la cicuta, los berros perfumados junto al agua escondida -donde siempre metíamos el pie (¡aquél chocolateado olor del barro, recordais!), las vistosas ortigas traicioneras, las delicadas margaritas maquilladas de vino, las campanitas amarillas y aquellas zarzamoras que herían nuestros dedos y nos dejaban los labios y la legua encendidos de una púrpura fresca, con un intenso rojo amoratado y un risa feliz...
...Y el olor de Torrellas...
adolescencia aún:
aquél olor como mezclado de Aqua Velva y tabaco que dejaba Torrellas y su capa de cuentos por el pasillo alanceado de cedros y lágrimas mordidas.
Su sonrisa casi literalmente mundana -pero angélica- y la impecablemente dandy de su hermano, regentando clubs de tenis.
Ciertas inflexiones de danza
el sol de invierno allí
sus ojos de mistela
los tenores
anchoas y rondallas
¡el cortejo de escarchas de todo ésto!



